Este es un tema de reflexión y de debate muy actual y todavía más si vemos el auge exponencial de la inteligencia artificial, la tecnología móvil, la red satelital, y por qué no decirlo el masivo control de la población en muchas áreas de la vida. Este artículo, como veréis, parece de ciencia ficción y totalmente surrealista, pero he sido testimonio en mi entorno directo de hechos que se salen de lo común, rozando los propios límites de lo inimaginable, límites, los cuales la población en general ignora y puede considerar una falacia.
Para ponernos en situación voy a exponer algunos hechos e investigaciones que están sucediendo actualmente, entrando en el terreno de la cibernética, biotecnología, nanotecnología, investigaciones desclasificadas y neurociencias. Empecemos por una noticia publicada en El Mundo, este pasado 7 de julio, cito textualmente:
“Algún día, creo que seremos capaces de enviarnos pensamientos complejos los unos a los otros de manera directa, usando tecnología. Bastará pensar en algo, y tus amigos podrán compartir la experiencia contigo de manera inmediata, si tú quieres”. El pasado martes, el fundador y CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, se tiró a la piscina de las predicciones futuristas y defendió con estas palabras que en el futuro la comunicación será telepática (…), una comunicación directa entre cerebros conectados por internet.
Y más adelante sobre los problemas éticos que ello puede acarrear, cito textualmente de dicha publicación:
“Sin embargo, algunos expertos ya han alertado sobre los desafíos éticos y el potencial lado oscuro de la llamada neuroingeniería. La posibilidad de que esta tecnología abra la puerta a un hackeo de nuestros cerebros, y a que incluso la intimidad de nuestra propia mente pueda ser objeto de espionaje, resulta como poco inquietante”.
Más adelante, hay un enlace al siguiente artículo When «I» becomes «We»: ethical implications of emerging brain-to-brain interfacing technologies (2014). Aquí tenéis el enlace:
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3921579/
He querido hacer esta introducción por parte de un medio de comunicación “convencional”, porque así se entenderá mejor el panorama en que nos encontramos actualmente.
Voy a recordar brevemente la existencia del llamado Campo de Punto Cero, matriz energética y de información que impregna el mismísimo átomo, un nivel situado fuera de nuestro marco dimensional (o mejor dicho fuera de las 4 dimensiones conocidas, una de tiempo y 3 espaciales), pero que ejerce un papel primordial sobre las fuerzas fundamentales de la Física y sobre los propios átomos y células de la materia vida. Un nivel no detectable de forma directa pero sí de forma indirecta a través de efectos secundarios diversos. El efecto Casimir es un buen ejemplo. Incluso extrapolando al ámbito de la conciencia, de alguna forma cabe la posibilidad de que cualquier acto cognitivo podría quedar grabado en dicho campo: pensamientos, sentimientos, emociones, percepciones etc. y que cuando trascendemos este plano, al morir, seríamos conscientes de toda esta información ingente. En otras palabras, este campo podría coincidir con el campo akásico de los místicos, el nivel implicado de David Bohm o el campo morfogenético de Alexander Gurwitsch y Rupert Sheldrake. Claro está, todas estas consideraciones en relación con la conciencia todavía no tienen comprobación experimental (o quizás sí) y lo dicho de momento cae en el ámbito hipotético. Pero lo que sabemos es que existe el intercambio de información y de energía entre el mundo de lo “visible” y el campo virtual citado.
Pero sin entrar ahora en detalles más profundos a nivel de la Física, voy a seguir realizando una reflexión que tiene que ver con la grabación y codificación de eventos dentro del propio tejido espaciotemporal.
Acerca de biotecnología, cibernética y neurociencia cuántica
No hace mucho Stuart Hameroff en colaboración con Deepak Chopra en una publicación denominada The Quantum Soul comenta que la información generada en la red microtubular de las neuronas no se pierde, por ejemplo, en las experiencias cercanas a la muerte, extracorporales y la propia muerte: la información cuántica que constituye la consciencia sería transferida a niveles más profundos de realidad creando una distorsión en la propia geometría del espacio-tiempo. Ya que las fluctuaciones cuánticas generadas quedan codificadas en el propio tejido, serían accesibles para posterior “lectura” por parte de los medios adecuados para ello. A nivel personal creo que toda la información que vamos generando a nivel neuronal de alguna forma se transfiere de forma continuada a este nivel. ¿Habrán encontrado una forma de acceder a esta información o/y registrar la actividad de la consciencia gracias a los avances en la inteligencia artificial, en las neurociencias y en la biotecnología? Vamos a ver algunos de estos avances. Incluso ya se habla de transferencia de la consciencia.
Algunas figuras públicas actuales como Ray Kurzweil o como Geordie Rose, el fundador de la empresa D-Wave a la vanguardia de la computación cuántica, nos revelan un tema esencial, puntero y a la vez preocupante a mi parecer del nuevo escenario brindado por los avances de la inteligencia artificial. Un escenario, que si bien este podría constituir un hito positivo para conservar, por ejemplo, la memoria de las personas fallecidas, implica un tema moral de fondo muy importante y del cual pocas personas son conscientes. Ello puede llegar a suscitar control, intrusión, incluso clonación de la mente humana, como ya está sucediendo probablemente, aunque abiertamente se dice que esto podría suceder en la próxima década o en las dos próximas décadas. A nivel metafórico sería como ir dejando algunas migas de pan para ocultar lo que realmente está sucediendo ya hoy en día. Con toda la información multifactorial apostaría a que la clonación de la mente ya existe, se está llevando a cabo, es más, existe una tecnología detrás de todo esto mucho más avanzada de lo que nos podría parecer.
El propio Ray Kurzweil ya decía hace tiempo que a comienzos de la década de 2040, la nanotecnología alcanzaría un punto de desarrollo tal que permitirá a los nanorobots (nanotecnología que ya existe a través de compuestos biocompatibles) acceder al cerebro humano, copiar la información que forma nuestros recuerdos y nuestra personalidad, y crear réplicas digitales de nuestra identidad. Incluso hacer una réplica de todo lo que representaría la parte emocional y sensitiva de un ser humano. Todo ello también apoyado por los avances de la biotecnología, como, por ejemplo a través de microchips o nanochips insertados en el cerebro. Ya sabemos que los chips cerebrales se utilizan para poder interactuar con ordenadores y dispositivos a través del pensamiento, muy útil, por ejemplo, para personas con parálisis o numerosas enfermedades del sistema nervioso que afectan de forma severa y permanente capacidades como la comunicación, el movimiento y la visión; como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia y la esclerosis múltiple. A partir de implantes cerebrales altamente biocompatibles es posible registrar y enviar pulsos para diversos fines, como la neuromodulación, interactuando con la corteza cerebral. Neuralink del multimillonario y seguramente próximo billonario, Elon Musk, es un buen ejemplo, aunque hay otros proyectos no menos ambiciosos desarrollados en China, incluso la utilización de dispositivos no invasivos, en el ámbito de Meta. Por ejemplo, en el caso de este último, a partir de la medición de campos eléctricos y magnéticos generados por la actividad neuronal a partir de un modelo de IA, se puede llegar a construir oraciones a partir de señales cerebrales.
Por ejemplo, todos sabemos que la televisión o la pantalla del ordenador acoge estímulos visuales y auditivos. Son campos visuales y auditivos en correlación con eventos y redes neuronales bien conocidos, por lo que se puede llegar a reconstruir dichos campos, sean visuales, motores o auditivos, de forma bilateral.
Así pues, ya está en marcha la tecnología de grabación y descodificación de la actividad neuronal a partir de varios métodos en que la biotecnología, la cibernética y la nanotecnología van de la mano. Incluso hay indicios de la existencia de una red telepática cibernética a nivel global (lo que pronostica públicamente Zuckerberg a principios de este artículo), una especie de red digital controlada poniendo en comunicación mentes de todo el planeta. Por alguna información privilegiada* (intuitiva) que ha sido compartida conmigo, esta red a nivel masivo parece estar en marcha desde principios del 2020. Se utilizaría una especie de interfaz ingente cerebro-computadora gestionada por internet y con lo que llamaríamos Remote Neural Image Recording. Textualmente utilizando IA en Internet, cito respecto a las fuentes de la existencia de una red telepática cibernética:
En resumen, aunque la idea de una red telepática cibernética aún se encuentra en una etapa temprana de desarrollo, la investigación en interfaces cerebro-computadora y comunicación entre cerebros muestra un gran potencial para el futuro de la comunicación humana.
Todo ello nos conduce a una reflexión importante: si somos capaces de registrar y modular la actividad cerebral y todos los procesos cognitivos relacionados con ella, también se dispone de medios o técnicas de influir, manipular las señales eléctricas cerebrales o incluso de inducir pensamientos en las personas.
Control mental y Clonación
Hay suficientes indicios de que formamos parte de una sociedad altamente tecnológica que tiende hacia el control y la total vigilancia de la población con la existencia de una enorme base de datos registrados de millones de personas. Se utilizarían algoritmos que biocodifican transmisiones electromagnéticas del cerebro ayudado por satélites, radares y torres de telefonía móvil. Me refiero concretamente a las tecnologías a distancia a través de ciertas frecuencias electromagnéticas que en sí pueden mapear los circuitos neuronales de una persona y crear una base de datos específica para cada persona almacenada en las supercomputadoras distribuidas por todo el globo. Esto puede sonar totalmente surrealista, pero el caso es que ciertos proyectos secretos estadounidenses del siglo pasado ya incluían todos estos avances cuando todavía internet no estaba disponible para el ciudadano común. Proyectos secretos que desafían nuestra comprensión y nos trasladan a un terreno desafiante y peligroso a la vez. Se sabe que dichas tecnologías se han utilizado contra ciertos individuos específicos, contra grupos determinados, llegando a las masas o utilizados en escenarios de guerra. De hecho, existen precedentes de control mental y de comportamiento por parte de agencias gubernamentales como la CIA, la NSA y DARPA. Estaríamos hablando del proyecto MK Ultra estadounidense, o el proyecto ECHELON, red de vigilancia global de comunicaciones. Incluso, como también sabemos hay una censura y persecución de personas que desvelan informaciones que son potencialmente delicadas para la red de control mundial.
Un investigador en esta línea es el ya fallecido Dr. Robert Duncan, colaborador del Departamento de Defensa, de Justicia y de la CIA estadounidense, que en su libro Project: Soul Catcher, Secrets of Cyber and Cybernetic Warfare Revealed, Vol.2, hace un análisis exhaustivo de toda la tecnología utilizada, haciendo especial énfasis en el control mental y las armas psicotrónicas, armas de energía dirigida con objetivos bélicos o para desarmar grupos o ciertos individuos. Sobre todo hace énfasis en la tecnología wireless de control, con el objetivo de modificar la conducta, inducir ciertos comportamientos, malestar y/o problemas de salud, insertar pensamientos e imágenes, en otras palabras, clonar y hackear la mente. Cito textualmente de su libro:
“Mind hacking is far more advanced and commonly used than the average citizen might believe”
Es que ya existen las tecnologías aptas para ello. Un simple ejemplo en que se conjuga la tecnología de telecomunicaciones wireless con las neurociencias es el efecto Frey, o audición microonda, la audición de voces y sonidos directamente en la cabeza, sobre todo en la cercanía de radares.
Duncan asegura que hay una base de datos de millones de personas en relación con su actividad cognitiva del cerebro (datos recopilados a partir de la toda la actividad cerebral, codificados y descodificados por enormes supercomputadoras). Cada persona tendría una especie de impronta cerebral que le identifica de forma personal. Nada de extrañar si ya se reconoce la técnica de reconstrucción e identificación facial. Incluso el registro de la forma de caminar y de moverse. Todos los datos biométricos propios de la persona estarían registrados: retina, ojos, huella dactilar, voz, ADN, actividad cardíaca, etc. Y luego se puede obtener un modelo más completo de la persona a partir de sus hábitos, búsquedas en internet, intereses, mensajes escritos y hablados y un largo etcétera.
Textualmente dice Duncan en su libro editado en 2010:
By 2050 we would expect to be able to download your mind into a machine
A lo cual añadiría que con una elevada probabilidad esto ya está sucediendo ahora. Y como he dicho, esto, como todo, tiene sus partes e implicaciones ambivalentes.
Mi intención con este artículo es que las personas sean conscientes del panorama tecnológico en que nos encontramos, mucho más avanzado de lo que la mayoría está dispuesta a aceptar, pero también no quiero quedarme en esta reflexión tan incisiva y preocupante.
¿Adónde nos conducirá todo esto?
Está claro que toda esta tecnología en marcha necesitará una legislación apropiada y que nos asegure la no vulnerabilidad de derechos fundamentales. Hasta que esto no sea así, ¿cómo protegernos en cierta medida dentro de nuestras posibilidades sin utilizar técnicas o contramedidas muy sofisticadas?
Para mí, es esencial y fundamental distanciarnos de forma periódica de la tecnología móvil, del ordenador, etc. dentro de lo posible, lo que esté en nuestras manos. Ya sabemos que del móvil no podemos prescindir apenas, ya que se ha vuelto una herramienta imprescindible (bien programada por parte de las élites) para ciertas necesidades. Pero sí podemos dejar el móvil apartado durante algunas horas del día. Estar en contacto con la naturaleza, con el ritmo de la tierra, sus ciclos, practicar el grounding…hacer deporte en la naturaleza, volver a la vida sencilla de vez en cuando, sin tantas necesidades y comodidades. Limpiar nuestro cuerpo de tóxicos, tanto físicos como mentales. Enfocar nuestra conciencia fuera de la frecuencia de limitación o de miedo que nos transmiten desde diferentes medios de comunicación o desde tecnologías que operan en ciertos rangos de frecuencias y que pueden llegar a inducir ciertos estados físicos y/o mentales.
Es un excelente ejercicio conectar con la belleza de este planeta, con el interior bello y hermoso de cada persona, porque todos llevamos la divinidad dentro, encontrar nuestra «tribu» con la cual nos sentimos bien y empoderados, ejercitar el amor incondicional, porque es una manera de elevar nuestra frecuencia de vibración y ponernos fuera del alcance frecuencial de baja vibración por decirlo de algún modo. Practicar el pensamiento elevado. Al fin y al cabo todo es cuestión de resonancia. Atraemos aquello que esté en una frecuencia similar a la nuestra. Si vibramos en amor, atraemos circunstancias que nos elevan y nos hacen sentir bien.
Tengo la esperanza de que como humanidad podamos hilar una línea evolutiva que vaya en coherencia con lo natural, lo auténtico, en concordancia con la voz de nuestro corazón. Pero sí opino que es difícil volver atrás respecto al avance tecnológico descrito y este va en crescendo. ¿Habrá una manera de conciliar todo esto con la bioética? ¿Una convergencia tecnológica con lo que nos exalta y nos enorgullece como seres humanos? ¿Un hermoso encuentro entre tecnología y espiritualidad? Espero que sí. El tiempo lo dirá sin duda.
Agosto 2025, ©Teresa Versyp



Muy interesante. Gracias por el artículo.
Muchas gracias Ricard por tu comentario, te mando un cordial saludo!