Hace algún tiempo leí tres libros muy interesantes sobre la inteligencia vegetal, un compendio que me llevó a profundizar todavía más en este reino de la naturaleza todavía hasta hoy mal comprendido. El primer libro es La Vida Secreta de los Árboles de Peter Wohlleben, ingeniero forestal, quien me hizo profundizar acerca del tesoro de los bosques afirmando que en un puñado de tierra del bosque se esconden más seres vivos que hombres hay sobre la tierra; el segundo, Sensibilidad e Inteligencia en el  mundo vegetal, de Stefano Mancuso quien me acercó a la fenomenal inteligencia de las plantas, y al cual aludo en mi libro Coherencia Cuántica y Vida, y el tercero de un investigador español de la Universidad de Murcia, Paco Calvo, quien en su libro Planta Sapiens me hizo apreciar todavía más la elevada sensibilidad de las plantas. Siempre me han agradado las plantas, tanto las de interior como las que tengo en el jardín, y soy perfectamente consciente de que entre ellas se comunican y a veces «necesitan» apoyo de las plantas circundantes. Siempre me acuerdo de una orquídea ya moribunda, porque apenas le quedaba una hoja, y poniéndola al lado de una clivia y con una petición silenciosa, milagrosamente se fue produciendo una mejoría notable, hasta llegar a ser una orquídea hermosa y fuerte.

Observando las enredaderas también podemos llegar a conclusiones muy relevantes tal como indica Paco Calvo en su libro. Y como afirma el neurobiólogo de plantas, Stefano Mancuso, tienen capacidades auditivas y táctiles bien desarrolladas. En relación a estas, os comento una experiencia vivida hace poco.

Hace unas tres semanas y hablando de plantas, tuve un encuentro muy notable e interesante con Marta y con Vega de Magam Musica, las dos componentes del grupo MAGAM y también amigas recientes con las que me apetece colaborar. Ellas se dedican a componer música de diferente índole para elevar la vibración energética, para sanar y conectarnos con nuestra más profunda esencia. Y en su web disponen de diferentes temas con las músicas correspondientes para cada ocasión. Recomiendo su web encarecidamente.

Mi visita tuvo lugar en su casa y muy amablemente me enseñaron un aparato para captar la «música» de las plantas. Digo la «música», porque las corrientes eléctricas que tienen lugar a lo largo de las plantas testadas se convierten en tonos musicales por un software y hardware que corresponde al dispositivo Plant-Wave. Se trata de un aparato a primera vista muy sencillo, pero que da interesantes resultados, como pude comprobar en mi visita. En las dos imágenes siguientes podemos observar cómo es:

 

Lo curioso es que testando diferentes plantas pudimos escuchar sonidos de timbre bien distintos, así como de variada intensidad. Incluso hubo plantas que no respondieron a nuestro tacto. Eso me recordó algunos comentarios de Stefano Mancuso cuando afirma que las plantas también «duermen» y reposan antes de las temperaturas más benignas de la primavera. Por mi parte toqué suavemente alguna flor, que pareció tan tímida y quizás algo temerosa  que no se registró ningún sonido.

Fue toda una experiencia hermosa para mí, no solo por los diferentes tonos musicales sino por la gran sensibilidad que muestran las plantas cuando interactúan con nosotros. Y yo también las cuido dentro de mis posibilidades porque para mí son un ejemplo maravilloso de adaptabilidad a lo largo de los eones de tiempo terrestres , y sobre todo por ser el pulmón de nuestro planeta. La otra cara de la moneda de tan belleza que pude contemplar ese día de reunión fue ver in situ,  no hace mucho, varias talas de bosque totalmente desproporcionadas en aras de una supuesta limpieza de bosque, dejando un sotobosque totalmente estéril, repleto de tallos y poda esparcida por todos los lados, y sumándole la sequía que estamos sufriendo a lo largo de los últimos meses. Un espectáculo desolador y que por varios contactos sé que se repite en varios lugares de Catalunya. No entiendo cómo al ser tan necesarios los árboles para mitigar el cambio climático se proceda a una desforestación tan agresiva como la practicada.

Los árboles son seres vivos y hay que respetar su hábitat dentro de los límites ecológicos y saludables. Nos sirven para proporcionarnos oxígeno, para dar sombra en las horas calurosas de verano, para que aniden los pájaros y se alimenten de sus frutos muchas especies diferentes, también nos proporcionan medicamentos buenos y naturales como bien saben las tribus indígenas de mucho lugares del planeta, entre otros muchos beneficios. Y también sirven para ayudar a limpiar nuestro cuerpo bioenergético de residuos y contaminantes que hayamos podido acumular durante el día. Bien lo saben los japoneses con su ritual nativo de Shinrin Yoku, el famoso baño de bosque, que nos ayuda a regenerarnos, a subir el ánimo, a percibir aromas fantásticos y a ver la vida más amablemente a pesar de las dificultades y problemas que todos pasamos.

Para mí la naturaleza es un tesoro al que hay que cuidar, mimar y agradecer, porque somos parte de ella. Totalmente.

Cito, para finalizar, un fragmento del libro Sensibilidad e Inteligencia en el mundo vegetal:

«La calma que nos embarga en su compañía es quizá el eco de una conciencia ancestral que nos dice que en ellas reside todo lo que necesitamos y todas nuestras posibilidades de supervivencia. Hoy como antaño.»

un saludo amigos,

© Teresa Versyp, marzo 2024

 

 

 

 

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